La peculiar tendencia de construir árboles de Navidad a partir de trampas para langostas reutilizadas se está extendiendo por Nueva Inglaterra, atrayendo a turistas, usuarios de Instagram e incluso parejas comprometidas. Lo que comenzó como una expresión local de la cultura marítima se ha convertido rápidamente en un espectáculo generalizado, con al menos 20 de estas estructuras adornando ahora las costas de Maine, Massachusetts y Connecticut.

El auge de las exhibiciones navideñas náuticas

Estos árboles, construidos con trampas para langostas apiladas y decorados con boyas, redes de pesca y luces festivas, se han convertido en un telón de fondo popular para fotografías y propuestas navideñas. El atractivo es claro: son visualmente impactantes, exclusivos de la región y aprovechan la estética costera de muy buen gusto que adoptan muchos habitantes de Nueva Inglaterra. Las ciudades están viendo una afluencia de visitantes específicamente para fotografiar estas exhibiciones inusuales.

Surgen desafíos inesperados

Sin embargo, la creciente popularidad ha traído consigo preocupaciones logísticas y de seguridad inesperadas. Mantener estas estructuras requiere un esfuerzo significativo y los organizadores están lidiando con problemas como impedir que la gente se suba a ellas. En Hull, Massachusetts, el comisionado de construcción cerró temporalmente un árbol trampa para langostas construido de forma privada debido a inestabilidad estructural. El árbol, erigido en un parque municipal, carecía de una entrada designada, lo que plantea dudas sobre la seguridad del acceso público.

La repentina popularidad ha puesto de manifiesto la necesidad de normas claras y protocolos de mantenimiento para garantizar que estas pantallas sigan siendo seguras y accesibles.

Por qué esto es importante

El fenómeno del árbol trampa para langostas subraya una tendencia más amplia: la mercantilización de la cultura local para el turismo y las redes sociales. Si bien estas exhibiciones aportan beneficios económicos a las comunidades costeras, también resaltan la tensión entre preservar la autenticidad y gestionar el rápido crecimiento. El incidente de Hull sirve como recordatorio de que incluso las tradiciones más caprichosas pueden enfrentar obstáculos burocráticos y preocupaciones de seguridad cuando se amplían.

Es probable que la tendencia de los árboles trampa para langostas continúe evolucionando, lo que obligará a las ciudades de Nueva Inglaterra a equilibrar el encanto de estas estructuras únicas con los aspectos prácticos de la seguridad pública y el mantenimiento a largo plazo.