Durante siglos, el pueblo mapuche de Chile ha desafiado la conquista y ha mantenido una profunda conexión con sus tierras ancestrales. Hoy, mientras el mundo lidia con la destrucción ambiental y la pérdida cultural, los mapuche ofrecen un poderoso ejemplo de resistencia, resiliencia y una cosmovisión centrada en el respeto por la naturaleza. Visitar sus comunidades no es sólo un viaje; es un cambio de perspectiva.

Una historia forjada en la resistencia

Los mapuche, que significa “gente de la tierra” en su lengua nativa mapudungun, son el grupo indígena más poblado de Chile. A diferencia de muchas otras poblaciones indígenas de América del Sur, resistieron con éxito a los imperios inca y español durante siglos. El Estado chileno finalmente los sometió a finales del siglo XIX mediante brutales campañas militares, dejando un legado de desplazamiento y conflicto que continúa hoy. A pesar de esto, los mapuche no sólo han sobrevivido sino que están reclamando activamente su cultura y soberanía.

Esta resiliencia es visible en su lucha constante por el autogobierno. Si bien en gran medida son pacíficas, las tensiones con el gobierno chileno persisten y los enfrentamientos han llevado a la estigmatización de los activistas mapuche como “terroristas”. Sin embargo, un número cada vez mayor de comunidades ven ahora el turismo como un medio para compartir su historia y controlar su narrativa.

La Sagrada Araucaria y el Modo de Vida Pehuenche

En el corazón de la identidad mapuche se encuentra el pehuén, o árbol de araucaria, una especie que es anterior a los dinosaurios en más de 150 millones de años. Estas imponentes coníferas, algunas de más de 1.600 años, no son sólo árboles; son venerados como antepasados ​​vivos. Los mapuche cosechan sus semillas, los piñónes, un alimento sagrado que se utiliza en todo, desde el pan hasta los postres.

La reducción de los bosques de araucaria debido a los incendios forestales, la tala y la limpieza de tierras amenaza tanto el ecosistema como la supervivencia cultural de los Pehuenche (“pueblo de la araucaria”). Matilde Domihual, cocinera mapuche, encarna esta lucha. “Nos duele el alma cuando arde la araucaria”, dice, resumiendo la profunda pérdida espiritual y material.

El turismo como camino hacia la preservación

Cada vez más, las comunidades mapuche utilizan el turismo para preservar sus tradiciones y recuperar su agencia. A lo largo de las orillas del Lago Budi, los lafkenche (“gente del mar”) han construido un modelo de turismo sostenible. Los ingresos por cabañas y experiencias culturales se distribuyen equitativamente entre las familias, asegurando que el turismo beneficie a toda la comunidad.

Los visitantes pueden participar en el tejido, jugar al palín (un juego tradicional parecido al hockey) y sumergirse en una cosmovisión donde la naturaleza no es un recurso a explotar sino una entidad sagrada a respetar.

Innovación y Adaptación

Los mapuche también demuestran una notable adaptabilidad. Isolina Huenulao dirige Viña Wuampuhue, uno de los primeros viñedos mapuche, desafiando la sabiduría convencional de que las uvas no pueden prosperar en la lluviosa región de la Araucanía. Su enfoque semiorgánico (utilizar ovejas en lugar de herbicidas) ha dado lugar a vinos premiados.

Esta innovación nace de la necesidad: el cambio climático está obligando a los vitivinicultores a buscar climas más frescos y los mapuche están demostrando que la agricultura sostenible puede coexistir con la tradición.

Espiritualidad, sanación y una nueva cosmovisión

La espiritualidad mapuche se centra en Ñuke Mapu (Madre Tierra) y la creencia de que cada elemento de la naturaleza posee un espíritu. Las machis, curanderos tradicionales, combinan la medicina herbaria con la interpretación de los sueños para diagnosticar y tratar dolencias.

La medicina occidental está poco a poco integrando estas prácticas ancestrales, reconociendo su valor. Pablo Calfuqueo, un líder comunitario, explica la perspectiva mapuche sobre el cambio climático: es una consecuencia de que las sociedades occidentales pierdan su conexión con el mundo natural.

Los mapuche no sólo están sobreviviendo; Están ofreciendo un modelo para una relación más armoniosa con la naturaleza.

Las lecciones de los mapuche son claras: respetar la Tierra no es sólo un imperativo ambiental sino cultural. Su resiliencia, innovación y profunda conexión espiritual brindan un recordatorio vital de que es posible una forma de vida diferente, una en la que los humanos coexistan con la naturaleza, no la dominen.