Durante décadas, la historia de los primeros americanos fue simple: la hipótesis del “Clovis primero” afirmaba que el pueblo Clovis, que llegó hace unos 13.000 años, eran los habitantes originales del continente. Esta narrativa, basada en descubrimientos como las puntas de lanza encontradas junto a restos de mamuts en Nuevo México en 1932, dominó la arqueología durante generaciones. Pero un creciente conjunto de evidencias está desmantelando esa teoría alguna vez inquebrantable, revelando una historia mucho más compleja y antigua de los asentamientos humanos en las Américas.

Las raíces de una teoría dominante

La hipótesis de Clovis First se basó en el registro arqueológico inicial. Sitios como Blackwater Draw produjeron herramientas de piedra estriadas distintivas asociadas con la megafauna extinta, lo que sugiere una rápida expansión de esta cultura por América del Norte a través del puente terrestre de Bering, un tramo de tierra ahora sumergido que conecta Asia y América del Norte durante la última Edad del Hielo. La datación por radiocarbono pareció confirmar esta línea de tiempo y, durante años, ningún otro sitio cuestionó de manera convincente el punto de referencia de 13.000 años.

La longevidad de la teoría no se debió solo a los datos. Surgió una poderosa resistencia a interpretaciones alternativas. Los críticos de Clovis First fueron a menudo desestimados y sus hallazgos examinados con implacable escepticismo. Algunos investigadores incluso se ganaron el apodo de “Primera Policía de Clovis” por su agresiva defensa de la visión establecida.

Grietas en los cimientos

Los primeros signos de problemas llegaron con descubrimientos que sugerían presencia humana antes de Clovis. Sitios como las cuevas de Paisley en Oregón desenterraron materia fecal humana (coprolitos) que data de hace más de 14.000 años, pero estos hallazgos fueron inicialmente descartados debido a preocupaciones de contaminación y preguntas sobre la autenticidad de los artefactos.

Luego vino Buttermilk Creek en Texas, un sitio repleto de herramientas anteriores a Clovis enterradas debajo de artefactos Clovis. A pesar de la evidencia convincente, los defensores de la vieja teoría atacaron todos los aspectos de la excavación: la calidad del suelo, los métodos de datación e incluso la integridad de la excavación misma.

Sudamérica contraataca

El golpe más significativo provino de América del Sur, donde el sitio Monte Verde II en Chile arrojó evidencia de ocupación humana que se remonta a casi 19.000 años. Dirigido por el arqueólogo James Adovasio, el equipo encontró hogares, cestas tejidas y herramientas que desafiaban la línea temporal de Clovis First. Los críticos afirmaron que la datación por carbono era errónea debido a la contaminación del carbón, pero el equipo de Adovasio presentó pruebas que incluso los escépticos más acérrimos tuvieron dificultades para refutar.

Los últimos clavos: Wisconsin, Kenosha y más allá

Se siguieron acumulando más descubrimientos. En Wisconsin, se encontró un esqueleto de mamut con marcas de corte que data de hace 14.500 años, y en el sitio Cerutti Mastodon en San Diego, la evidencia sugirió que la actividad humana se remonta a hace casi 100.000 años, una afirmación que sigue siendo controvertida pero no ha sido refutada. Las cuevas Bluefish en el Yukón proporcionaron una prueba más, aunque el defensor del sitio, Jacques Cinq-Mars, enfrentó recortes de financiación y ataques de los defensores de Clovis First.

Finalmente, Cooper’s Ferry en Idaho cerró el trato. El sitio, que data de hace 16.000 años, reveló una tecnología de herramienta distinta a todo lo visto en los sitios de Clovis, llevando la narrativa más allá de su punto de ruptura. El arqueólogo Todd Braje declaró: “El modelo Clovis-First ya no es viable”.

Más allá del puente terrestre: la autopista Kelp

Si el puente terrestre de Bering no era el único punto de entrada, ¿cómo llegaron los primeros estadounidenses? La teoría emergente sugiere una ruta alternativa: la “Autopista Kelp”. Esto propone que los primeros humanos navegaban por la costa del Pacífico en pequeñas embarcaciones, siguiendo bosques de algas repletas de vida marina de Japón y Asia. La evidencia de puntas de lanza de tipo japonés cerca de las Islas del Canal frente a California respalda esta idea.

El desafío es que el aumento del nivel del mar ha sumergido a la mayoría de los asentamientos costeros que datan de hace 15.000 años, lo que hace difícil encontrar pruebas directas. Pero el cambio en el pensamiento arqueológico es innegable.

Un cambio de paradigma

La desaparición de Clovis First no se trató de convencer a los intransigentes; Se trataba de un cambio generacional. Como observó el físico Max Planck, las nuevas verdades científicas no triunfan mediante la persuasión sino mediante el desgaste de la vieja guardia, reemplazada por aquellos familiarizados con la ciencia actualizada.

La historia de los primeros habitantes de América ya no es sencilla. Es una historia de resiliencia, adaptabilidad y la búsqueda incesante de la verdad frente a creencias arraigadas. La hipótesis de Clovis Primero puede estar muerta, pero la búsqueda de los orígenes de nuestros antepasados ​​continúa.