La cruda realidad del cambio climático no se siente por igual en todas partes. En islas remotas y bajas –atolones– las consecuencias son inmediatas y visibles. Tetiaroa, un atolón del Pacífico en la Polinesia Francesa, es un campo de pruebas sobre cómo puede funcionar la conservación frente al aumento del nivel del mar, los ecosistemas cambiantes y las presiones económicas del turismo de ultralujo.
La paradoja de la preservación prístina
Tetiaroa es el hogar de The Brando, un complejo de alto nivel construido en asociación con Marlon Brando y administrado por la Sociedad Tetiaroa. Si bien la isla proyecta una imagen de paraíso virgen, Richard Bailey, cofundador de la Sociedad, enfatiza que su verdadero valor reside en su función ecológica y cultural, no en ningún estado “intacto” imaginado.
Ésta es una distinción fundamental: la conservación no se trata de congelar un lugar en el tiempo, sino de gestionar un sistema dinámico bajo tensión. Los doce pequeños islotes del atolón ya están cambiando. El coral se está blanqueando, las poblaciones de tortugas se están inclinando hacia las hembras debido al calentamiento de las arenas y la erosión se está acelerando. Estas no son amenazas distantes; son observables en tiempo real.
¿Un modelo económico para la supervivencia?
Bailey sostiene que el futuro de Tetiaroa depende de reconocerlo como un modelo tanto económico como ecológico. El complejo genera ingresos que financian directamente los esfuerzos de conservación, creando un incentivo financiero para proteger los recursos del atolón. Este enfoque es controvertido: ¿puede el turismo de lujo ser realmente una fuerza de preservación, o es simplemente una explotación verde?
La respuesta probablemente sea compleja. El éxito de este modelo depende de una gestión estricta, la transparencia y un compromiso genuino con la sostenibilidad a largo plazo. Si la belleza natural del atolón o los vínculos culturales polinesios se ven comprometidos, la base económica colapsa, junto con los esfuerzos de conservación que apoya.
Como dice Bailey: “Si perdiéramos o viciaramos su belleza natural, o si no respetáramos su conexión con la cultura y la historia de la Polinesia, nuestro negocio fracasaría”.
El futuro de Tetiaroa dependerá de si esta realidad económica puede impulsar una conservación genuina o simplemente enmascarar otra forma de extracción. El destino de la isla sirve como un microcosmos para el desafío más amplio de equilibrar los incentivos económicos con la sostenibilidad ambiental en un mundo que cambia rápidamente.
























