El Aeropuerto Internacional de El Paso fue cerrado temporalmente esta semana, no debido a supuestas incursiones de drones de cárteles como se sugirió inicialmente, sino debido a operaciones militares con drones imprudentes y descoordinadas llevadas a cabo por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. El cierre del espacio aéreo, que duró menos de 24 horas a pesar de las proyecciones iniciales de una suspensión de 10 días, se debió a la actividad militar que puso en peligro el tráfico aéreo comercial.
La verdadera causa: operaciones militares descoordinadas
Según las fuentes, el ejército ha estado operando aviones no tripulados cerca del aeropuerto para monitorear la actividad del cartel sin una comunicación adecuada con la Administración Federal de Aviación (FAA). Esto creó una peligrosa superposición entre el espacio aéreo militar y civil, lo que obligó a la FAA a tomar medidas drásticas.
“Tiene que ver con la incapacidad de la FAA para predecir dónde podrían estar volando [los sistemas de aviones no tripulados]”, dijo un funcionario al Chicago Tribune. “Han estado operando fuera de las rutas de vuelo normales”.
El cierre de la FAA tuvo un doble propósito: seguridad inmediata para los vuelos comerciales y un mensaje contundente al ejército para que frene su comportamiento imprudente. La administración intervino rápidamente para controlar la actividad militar no autorizada con aviones no tripulados.
Un patrón de desprecio por la seguridad aérea
Este incidente no es aislado. El ejército también se ha resistido a las reformas de seguridad en el Aeropuerto Nacional de Washington D.C., buscando preservar los vuelos de entrenamiento de helicópteros muy cerca de los aviones comerciales de pasajeros. Estas acciones plantean serias dudas sobre la voluntad de los militares de priorizar la conveniencia operativa sobre la seguridad aérea civil.
El cierre del aeropuerto de El Paso fue una escalada en una disputa de larga data entre la FAA y las ramas militares. La FAA tomó medidas decisivas cuando las actividades militares se convirtieron en un riesgo inaceptable para los vuelos comerciales.
Conclusión
El cierre del aeropuerto de El Paso pone de relieve una falla crítica en la comunicación y coordinación entre la FAA y el ejército estadounidense. El incidente subraya la necesidad de una supervisión más estricta de las operaciones de aviones no tripulados militares cerca del espacio aéreo civil, así como de un compromiso renovado de priorizar la seguridad aérea por encima de todo.
























