Una creciente brecha diplomática entre Japón y China está comenzando a pesar sobre la economía japonesa, y se cita como principal impulsor una fuerte caída en el turismo chino. La disputa surge de declaraciones japonesas que sugieren un posible apoyo a Taiwán en caso de que China intente una invasión, una posición que Beijing considera una interferencia inaceptable en sus reclamos territoriales.
Disminución del turismo y tensión económica
China ha respondido disuadiendo a sus ciudadanos de viajar a Japón, y el impacto ha sido inmediato. En diciembre se registró una caída del 45% en las llegadas de chinos en comparación con el año anterior, un golpe significativo para el sector turístico receptor de Japón. Esta disminución es particularmente preocupante porque los turistas chinos gastan mucho. Representan aproximadamente una cuarta parte de todos los visitantes extranjeros y gastan aproximadamente un 25% más por persona que otros turistas internacionales.
Repercusiones financieras para los minoristas
La desaceleración ya es visible en las cifras del comercio minorista en Japón. El gasto de los turistas en el último trimestre de 2023 cayó un 2,8% a 45.600 millones de dólares, lo que marca la primera caída anual en más de cuatro años. Varios grandes almacenes, destinos populares para los compradores chinos que compran productos libres de impuestos como ropa y cosméticos, han pronosticado caídas de ganancias de dos dígitos en los próximos meses.
Panorama económico más amplio
Si bien la economía de Japón todavía creció un 0,2% en el último trimestre, la caída del turismo es un claro obstáculo. Esta situación pone de relieve la vulnerabilidad de Japón a los cambios en la política china. Es probable que la disputa sobre Taiwán siga siendo un punto álgido y, mientras persistan las tensiones, la dependencia económica de Japón del turismo chino seguirá creando inestabilidad.
La situación plantea interrogantes sobre la diversificación de los mercados turísticos y la reducción de la dependencia económica de una sola nación, pero por ahora, el impacto de la disputa diplomática es innegable. Los efectos a largo plazo dependerán de qué tan rápido (o si) se pueden estabilizar las relaciones entre Tokio y Beijing.
























