Uganda está avanzando con planes para un nuevo y enorme aeropuerto internacional cerca de Mbarara, un proyecto que plantea serias dudas sobre su viabilidad y sentido económico. El aeropuerto internacional de Mbarara propuesto, previsto para atender a más de 100 millones de pasajeros al año, contaría con dos de las pistas comerciales más largas del mundo (cada una de 5.500 metros de largo) además de una pista VIP exclusiva de 3.700 metros. La escala de este proyecto es asombrosa, pero la lógica subyacente sigue siendo profundamente defectuosa.
La premisa: ¿Una parada para repostar combustible entre Brasil y China?
La principal justificación, expuesta por la empresa privada Base Seven Company y respaldada por el presidente Yoweri Museveni, se centra en el creciente comercio entre Brasil y China. Se argumenta que Uganda está en una posición ideal como escala para repostar combustible, lo que podría reducir los tiempos de vuelo entre las dos regiones. Sin embargo, este razonamiento pasa por alto realidades importantes.
La sugerencia de que Uganda podría convertirse en un importante centro de tránsito ignora la presencia de Addis Abeba, Etiopía, que ya cuenta con un aeropuerto estratégicamente ubicado y en rápida expansión y una aerolínea regional dominante. La infraestructura establecida y la presencia en el mercado de Etiopía proporcionan una clara ventaja competitiva que Uganda no puede superar fácilmente.
Escala e infraestructura: una expansión injustificada
La escala del aeropuerto propuesto es tremendamente desproporcionada con respecto a la demanda realista. Las representaciones muestran un centro bullicioso con docenas de aviones chinos estacionados en las puertas, un escenario que pone a prueba la credibilidad. Si la función principal es repostar combustible, un número excesivo de puertas y una terminal en expansión son innecesarios. Las paradas para repostar combustible suelen requerir instalaciones mínimas para los pasajeros, ya que los viajeros generalmente permanecen a bordo durante el proceso.
Además, la inclusión de una pista VIP exclusiva desafía toda explicación práctica. Su propósito sigue sin estar claro, lo que aumenta la irracionalidad general del proyecto. El coste de una característica tan extravagante supera con creces cualquier beneficio potencial.
Realidades financieras y el historial de aviación de Uganda
El proyecto depende en gran medida de la inversión privada, y Base Seven Company promete financiar la construcción y recuperar los costos a través de tarifas aeroportuarias e instalaciones auxiliares. Este modelo de financiación genera preocupación, dada la problemática historia de la aviación en Uganda. Uganda Airlines, la aerolínea nacional, opera con márgenes profundamente negativos, con pérdidas que alcanzaron el 50% de los ingresos totales el año pasado. El éxito de este proyecto depende de atraer un volumen de tráfico que parece improbable, sobre todo teniendo en cuenta los malos resultados de la aerolínea.
El contexto más amplio: un patrón de infraestructura cuestionable
La búsqueda de este megaaeropuerto por parte de Uganda es parte de una tendencia más amplia de proyectos de infraestructura ambiciosos con cimientos dudosos. La justificación del proyecto se basa en una “riqueza global en desarrollo” vagamente definida, lo que sugiere una dependencia del crecimiento económico especulativo en lugar de un análisis de mercado concreto. La falta de transparencia en torno a los acuerdos financieros alimenta aún más el escepticismo.
En conclusión, el megaaeropuerto propuesto por Uganda es un ejemplo de ambición mal concebida. Si bien la ubicación geográfica del país puede ofrecer alguna ventaja teórica como parada para repostar combustible, la escala, el costo y la falta de una ventaja competitiva clara hacen que este proyecto sea fundamentalmente ilógico. La viabilidad del proyecto sigue siendo muy cuestionable y su éxito depende de condiciones de mercado improbables y de un respaldo financiero cuestionable.
























